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2017January
  • La pelea callejera

    El día de ayer, después de hacer unos préstamos por internet a unos clientes, salí de la oficina para ir a tomar un café a un establecimiento que se encuentra a tres cuadras de aquí, algo que hago por lo general dos veces al día o cuando menos una, ya que es una actividad que disfruto mucho, además de proveerme de la oportunidad de hacer un poco de ejercicio, necesario siempre para mantener a la maquinaria corporal lo más en regla posible.

    Al estar caminando hacia la cafetería, me tocó ver por casualidad una pelea en la calle entre un taxista y un conductor, un encuentro corto pero salvaje, extrañamente resultando en el favor de ninguno, ya que el intercambio de golpes e impactos fue muy parejo y nadie terminó noqueado. El encuentro terminó debido a la intervención de la policía.

    La pelea callejera, como la pelea en general, es un fenómeno que se debe de evitar a toda costa, debido a su alto grado de peligrosidad, donde el resultado puede terminar en la muerte de alguien y la vida en prisión del otro, fines que por supuesto no valen la pena.

    No obstante, la pelea callejera es un fenómeno que debe de ser bien estudiado por todo hombre, sobre todo por aquellos sobre quien la seguridad de otras personas depende, como es el caso de un padre de familia, ya que el mundo es un lugar cruel, donde todo puede pasar y donde hay que saber reaccionar en situaciones de alta peligrosidad.

    Una pelea es un intercambio de impactos estratégicos, donde el objetivo es neutralizar a la fuerza opuesta como sea necesario, donde el control mental, la comprensión de la situación y agresividad letal son necesarias para obtener el fin inicial.

    Para desempeñarse de una manera efectiva en una pelea es necesario tener buen dominio del arte de la defensa y ofensiva, así como el buen saber de cuándo y bajo qué circunstancias usar estas dos tácticas, algo que se consigue con el autoconocimiento y con la estimación apropiada del adversario, tras observar sus propiedades físicas, buscando puntos clave, como la longitud de los brazos opuestos, así como la distribución de masa muscular y grasa.

    La correcta estimación rápida de nuestro enemigo determinará simplemente si ganamos o perdemos dicho encuentro violento.

    Esto se debe a que la estimación correcta de estos elementos nos dirá con alta precisión cómo va a pelear el contrincante.

    Si es que nuestro contrincante posee brazos largos, lo más seguro es que tratará de impactarnos a distancia y evitar a toda costa pelear demasiado cerca o en el suelo; si es que nuestro oponente es de brazos cortos o de mucho peso intentará por lo general llevarnos al piso, donde su peso será determinante para dominarnos.

    El secreto del buen pelear es el saber que todas las partes del cuerpo humano pueden ser herramientas efectivas de destrucción y cómo usarlas, así como cubrir nuestras deficiencias con nuestra mayor virtud.

    Solo vale la pena hacer efecto de nuestra capacidad de destrucción si la vida está en peligro.

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